Lucrar con el recalentamiento global (lo que faltaba)
Una breve estadía por las cercanías del Obelisco, sirvió para darme cuenta que el recalentamiento global no es mera suposición científica. Es un fenómeno que, sin lugar a dudas, se abocó en gran medida a irradiar furia sobre las calles, colectivos, plazas, subtes y cualquier otro tipo de entes que contengan materiales propicios a potenciar aún más la temperatura.
Grandes ciudades, oportunidades emergentes y sueños que no se derrumban, inducen a que se generen nuevos rubros laborales. Bajo estas condiciones, los oportunistas de siempre (grandes movilizadores de economías), ofrecen una amplia gama de servicios que van desde la soplada de nuca en los subtes, las duchas portátiles debajo de los puentes, las palanganas con agua fría para los manifestantes, los limpiaparabrisas para secar transpiración de los anteojos, hasta las gorras tapizadas interiormente con toallas femeninas.
Estos negociantes urbanos persuaden, al potencial consumidor, con grandes lupas que incrementan la temperatura corporal, generando así, una necesidad magnánima de consumir los productos y servicios que comercializan. Convirtiendo de esta forma a los simples transeúntes en burdos esclavos transpirantes.
Al percibir el gran mercado negro que se generaba en este tipo de transacciones y con fines desalentadores al ingreso de nuevos competidores en el mercado, el gobierno de la ciudad está trabajando en un proyecto denominado “Sudor Libre”. El mismo se encuentra en fase de desarrollo, abordando diferentes ítems, tales como:
* Apertura de puertas de edificios (bancos, hospitales, negocios, …) que contengan aire acondicionado, con el fin de descender la temperatura de la ciudad.
* Descuento impositivo a las ganancias, proporcional a la cantidad de sudor en la frente de la persona.
* Pase gratuito en colectivo para todas aquellas personas que presenten aureolas en las camisas.
El tema es complejo y amerita una discusión distendida que seguramente va a llegar a buen puerto cuando nos encontremos luciendo abrigadas bufandas y excéntricos guantes.
Grandes ciudades, oportunidades emergentes y sueños que no se derrumban, inducen a que se generen nuevos rubros laborales. Bajo estas condiciones, los oportunistas de siempre (grandes movilizadores de economías), ofrecen una amplia gama de servicios que van desde la soplada de nuca en los subtes, las duchas portátiles debajo de los puentes, las palanganas con agua fría para los manifestantes, los limpiaparabrisas para secar transpiración de los anteojos, hasta las gorras tapizadas interiormente con toallas femeninas.
Estos negociantes urbanos persuaden, al potencial consumidor, con grandes lupas que incrementan la temperatura corporal, generando así, una necesidad magnánima de consumir los productos y servicios que comercializan. Convirtiendo de esta forma a los simples transeúntes en burdos esclavos transpirantes.
Al percibir el gran mercado negro que se generaba en este tipo de transacciones y con fines desalentadores al ingreso de nuevos competidores en el mercado, el gobierno de la ciudad está trabajando en un proyecto denominado “Sudor Libre”. El mismo se encuentra en fase de desarrollo, abordando diferentes ítems, tales como:
* Apertura de puertas de edificios (bancos, hospitales, negocios, …) que contengan aire acondicionado, con el fin de descender la temperatura de la ciudad.
* Descuento impositivo a las ganancias, proporcional a la cantidad de sudor en la frente de la persona.
* Pase gratuito en colectivo para todas aquellas personas que presenten aureolas en las camisas.
El tema es complejo y amerita una discusión distendida que seguramente va a llegar a buen puerto cuando nos encontremos luciendo abrigadas bufandas y excéntricos guantes.